Sobre la revalorización de la paz en Tijuana

Artículo publicado en el periodico Frontera, Tijuana B. C., el 22 de Diciembre de 2008

Ya es algo natural en nuestra ciudad de Tijuana el escuchar sirenas por todos lados, y al escucharla ya no decimos ¿Qué paso? La cual sería una pregunta tradicional, sino que le agregamos a esa pregunta ¿Ahora qué paso? Estas preguntas hacen notar lo debilitada que se encuentra la paz en nuestra ciudad; digo debilitada y no perdida porque nosotros, los ciudadanos de bien, los hijos de esta ciudad generosa clamamos la paz por nuestras familias y sobre todo por los más pequeños, los cuales serán los empresarios, maestros, doctores, sacerdotes, en fin los dirigentes del mañana y mientras haya alguien que pida este valor, este seguirá latente en el circulo de nuestra sociedad.

Pero ¿Qué podemos hacer nosotros para conseguir el fortalecimiento de este valor dentro de nuestra sociedad? Hay que saber pedir paz, no solo tenemos que pedir, también tenemos que participar con algo para que esta se nos dé. Para aprender a pedir paz tenemos la obligación de conocer que es la paz para no caer en ambigüedades, porque “la paz no es simplemente ausencia de guerra, ni siquiera un equilibrio estable entre fuerzas adversarias, sino que se funda en una correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la justicia y la caridad” (cf. Concilio Vaticano II, Const. Past. Gaudium et Spes, 78: AAS 58, 1966); entonces a lo anterior podemos decir que la paz no significa solo la ausencia de conflicto, implica el vivir de tal modo que los conflictos puedan ser superados en el marco de la convivencia fraterna y respetuosa, es un espacio de encuentro y un tiempo de relaciones humanas gozosas, por medio de las cuales se debe convivir en tolerancia y armonía puede suponer un conflicto continuo, pero es positivo en el sentido que es una derrota continuada de la violencia. Las relaciones humanas son siempre conflictivas y la superación pacífica y positiva de estas situaciones es precisamente la forma de convivencia armónica de las distintas culturas, pueblos, religiones, sexos, razas y demás diferencias que puedan servir de excusa para la división, el antagonismo, el odio o la incomprensión.

Sin duda que estamos habituados a que se discuta sobre la paz desde un punto de vista político o sociológico como ausencia de guerra, y normalmente damos la responsabilidad de la paz a los gobernantes y organizaciones políticas, siendo que se debe hablar de paz desde una perspectiva humana y resaltar el papel tan importante que tiene cada ser humano para traer la paz al mundo. Por lo anterior, el avance en cuestiones de paz debe de ser individual en primera instancia y después colectivo, pues son los individuos los que al actuar de forma pacífica, hacen que mejore la calidad de vida, las instituciones, el medio ambiente y el futuro en general de nuestra sociedad. A través de la paz, podemos manifestar el espíritu esencial que nos une, en medio de nuestras distintas maneras de ser. La paz que pedimos a las autoridades en nuestra ciudad es una paz egoísta, es una paz malentendida, les pedimos que terminen con los elementos que causan el desorden social y al pedir esto se nos olvida que ellos también son personas, pedimos pena de muerte para el asesino, cadena perpetua para el violador, encierro para el ladrón, todos son cortes de tajo al problema, soluciones desesperadas y rápidas a un problema que se pudo evitar desde sus raíces. En la construcción de culturas de paz, más allá de cualquier interés o desacuerdo debemos de encargarnos de la prevención de estas situaciones que causan el desorden social, pero ¿Dónde podemos encargarnos de esto? Sin duda alguna en el seno familiar, la familia deberá de ser la primera reformadora social, pues es nuestra familia por la que pedimos paz y entonces esta es la que la debe promover con el testimonio y formación integral de los más pequeños.

El compendio de la doctrina social de la iglesia nos dice que la paz es fruto de la caridad y de la justicia, porque esta se debe de basar en el respeto del equilibrio de todas las dimensiones de la persona humana. “La paz peligra cuando al hombre no se le reconoce aquello que le es debido en cuanto a hombre”(Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 494, Pp. 275) cuando su dignidad como tal se ve infringida y cuando la convivencia entre dispares no se dirige al bien común, por lo cual, cada uno de nosotros ciudadanos ya sea pacíficos o delincuentes, debemos de buscar el orden y el bien común teniendo como principales herramientas la caridad y la justicia para que con estas armas luchemos en la búsqueda de la paz; sobre todo debemos cada uno reconocer la propia responsabilidad por promover la paz como un impulso interior, pues este servirá para extenderla a las familias y a las diversas instituciones sociales hasta alcanzar ahora si a la comunidad política; esto es por lo cual la paz debe de comenzar en el individuo.

Nosotros ciudadanos de Tijuana debemos de dar paz y después pedirla, debemos ofrecerla entre los nuestros, debemos de ofrecerla a nuestra sociedad, a los que tenemos más cerca; debemos de aprender a clamar paz en esta sociedad de conflicto, debemos pedir una paz que no infrinja los derechos del otro; debemos de reconocernos pues como individuos de paz, individuos encargados de aceptar la misión de llevarla a los demás por medio del testimonio, para que este testimonio pueda hacer eco en nuestra familia, después en nuestra pequeña sociedad y que al final abarque a todos, porque por el hecho de ser personas la merecemos.

Seminarista Martín Alfonso Mata Gallardo.

III de Filosofía.


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इThe Filos!!!: La Filosofía hecha Blog.




La Filosofía de la Ciencia según Thomas Samuel Kuhn


Nació en Cincinnati, Ohio, obtuvo su doctorado en filosófico en Física Teórica por la Universidad de Harvard en 1949 donde después se dedicará a la docencia, también en Berkeley, Princeton y en Massachusetts orientado a la ciencia histórica y la filosofía de la ciencia. Fue pues un notable historiador y filósofo de la ciencia al cual se le conoce por participar en el cambio de orientación tanto de la filosofía y como de la sociología científica durante los años sesenta[1]. Junto con Popper, es uno de los filósofos más influyentes dentro de la filosofía de la ciencia contemporánea gracias a su obra “La estructura de las revoluciones científicas”, la cual le valió su épica entrada a la filosofía de la ciencia en 1962, año de publicación de la obra.

Su tesis principal, es que las teorías decididamente nuevas no nacen por verificación ni por falsación, sino por sustitución[2], una “sustitución del modelo explicativo –paradigma, según Kuhn- antes vigente por otro nuevo”[3]. Kuhn divide el progreso científico de la siguiente manera: “preciencia - ciencia normal – crisis – revolución - nueva ciencia normal - nueva crisis”[4]; a toda ciencia precede una actividad desorganizada que se estructura al momento de que una comunidad científica se une a un solo paradigma, el cual contendrá los supuestos teóricos generales, leyes y técnicas para la aplicación científica a lo cual Kuhn lo denomina ciencia normal, ésta articulará y le dará desarrollo al paradigma para intentar explicar y acomodar la realidad por medio de la experimentación; a todas las dificultades que puedan surgir dentro de la experimentación se les denominará falsaciones[5], si estas se escapan de las manos se caerá en un estado de crisis, que solo se podrá resolver al momento de que nazca un paradigma nuevo y que este sea aceptado por una gran cantidad de científicos los cuales rechacen el paradigma anterior; a este cambio de paradigma se le denomina revolución científica, las cuales son:

Episodios de desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado, completamente o en parte, por otro nuevo e incompatible”[6]. Ahora “el nuevo paradigma, lleno de promesas y no abrumado por dificultades en apariencia insuperables, guía entonces la nueva actividad científica normal hasta que choca con serios problemas y aparece una nueva crisis seguida de una nueva revolución”[7].

Kuhn intenta darnos una visión histórica en sentido amplio de lo que es la estructura de las revoluciones científicas para poder de esta manera negar las premisas inductivistas las cuales nos dicen que el conocimiento y el progreso científico son acumulativos mediante la observación; al respecto Kuhn dice que al ignorar el papel que juegan los paradigmas como guisas de la observación y experimentación se comete un grave error[8], y de hecho dentro de su pensamiento Kuhn afirma que no es acumulativo el conocimiento científico, al contrario, cada vez nos alejamos más de la verdad, porque la ciencia no evoluciona dirigiéndose a algo, sino alejándose de algo.

[1] "Thomas Samuel Kuhn." Microsoft® Student 2008 [DVD]. Microsoft Corporation, 2007.

[2] Cfr. KUHN, Thomas, “La estructura de las revoluciones científicas”, Ed.8 Fondo de Cultura Económica, Argentina 2004, p. 301

[3] SERRANO, José A., “Filosofía de la ciencia”, pp. 181-182

[4] CHALMERS, Alan F., “ ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?”, Ed.21 SIGLO XXI, México D.F. 1998, p. 128

[5] Término de Popper

[6] KUHN, Thomas, “La estructura de las revoluciones científicas”

[7] CHALMERS, Alan F., “ ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?”, p. 129

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