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Revelación



REVELACIÓN Y EXPERIENCIA

1. Introducción

A partir de las nuevas filosofías que ya desde hace algunos años han estado dando la vuelta al hombre y que tomado de manera central su estudio, se ha ido reelaborando un verdadero círculo hermenéutico entre la revelación y su propia experiencia. En este sentido, la revelación busca el perfeccionamiento de la existencia del hombre; pero hay que tener cuidado con este antropocentrismo dentro de la revelación, porque esta manera de hacer teología corre el riesgo de desvalorar u olvidarse de Dios. Es lo que dice Walter Kasper, que este reduccionismo de la teología a la antropología es porque se malentiende que por el amor de Dios al hombre, esta se debe de centrar en el hombre, pero al contrario, para no perder el piso ése amor la debe de llevar a Dios por amor al hombre[1].

2. Experiencia

Para empezar, este concepto siempre ha tenido tras de sí relaciones fundamentales con otros tales como son: pensamiento y mundo, espíritu y ser, sujeto y objeto. Para signifícalo varios autores van deshilando el concepto, H. Rombach: hechos y contenidos dados y los representa como pertenecientes a un conjunto, a partir del cuerpo de la imagen[2], esta saca conclusiones de una primera percepción sensible. Es un contacto directo con una realidad que amplia y enriquece el modo de pensar y ver la realidad; cada experiencia amplia el horizonte de conocimiento, lo modifica, lo perfecciona; la experiencia es al mismo tiempo una prueba y una ganancia.

Maneras de aprender la realidad:

a)Empírica: la que ve la importancia del objeto, corre el riesgo de aislar completamente el sujeto y se fija solo en el conocimiento del objeto. Por lo tanto en esta forma se aprende la importancia del objeto.

b) Racionalista: esta enfatiza el papel de la inteligencia y el carácter sintético de la experiencia, o sea que es el vuelco de la inteligencia sobre el objeto que se nos presenta. Nuestra experiencia total… trasciende el factor perceptible de la experiencia[3]. Y como dice Kant: no hay duda que nuestro conocimiento empieza con la experiencia, pero de ella no deriva todo.

Lo que hace Kant es distinguir razón de experiencia, pero no separarla de ella. La experiencia es el rostro de la razón implícita; la razón, a su vez, es el florecer de la experiencia comprendida y explicada. Este concepto de experiencia oscila entre dos extremos: el empirista y el racionalista; el primero acentúa lo especifico, lo único, lo individual; el segundo hace desaparecer esta singularidad, para recuperarlo en la universalidad de la categoría.

Ahora bien, hay un triple modo de experimentar: como acto que se hace, la cual es activa y reina la libertad; como actividad que se padece, la cual es pasiva, no hay libertad y te hace invadir con emociones, ideas o impulsos de fuera; por ultimo como actividad recibida, pasiva, pero libre, la cual es una pasividad activa. La experiencia por tanto es camino y fuente de verdad, es una relectura de las tradiciones, tanto presentes como pasadas, para producir nuevos conocimientos teológicos. Dar valor a las experiencias actuales significa querer hacer comprensible una experiencia pasada, cristalizada en la tradición, esto es el famoso circulo hermenéutico entre las experiencias. Existen tensiones entre experiencia y tradición, porque una hace referencia a la no sustitución del sujeto y la tradición tiende a lo supraindividual. De esto sale avante cuando decimos que toda experiencia tiene una dimensión comunitaria, pues un hombre puede llegar a comprender dicha experiencia desde un universo hermenéutico, en cuanto que est es miembro de una cultura; el mayor vicio de la modernidad es el individualismo, pero incluso en este ambiente la sociedad desea experiencias de comunidad. La mediación en la transmisión, la cual se trasmite por convivencia y la experiencia por tanto se mide en cuanto que es interpretada dentro del universo lingüístico, social e histórico del sujeto. Es comunitaria porque puede además tener una experiencia con otros, compartiendo con ellos su propia experiencia. Terminando con este punto podemos decir que una autentica experiencia influye en los múltiples aspectos de la existencia: imaginación, emoción, etc. Es concreta, pero debido a su dimensión humana adquiere carácter común[4].

3. Características actuales de la experiencia

Se trata de explicar como el hombre se percibe a sí mismo y a sus funciones fundamentales, es ponerlo frente a su experiencia de fe. Para explicar este punto como primera instancia esta la conciencia de libertad religiosa, con la cual el sujeto como descubierto de valor se siente con la libertad de elegir, alejado por lo tanto de toda acción que lo coaccione. En relación con los derechos humanos se enmarca todas las experiencias fundamentales de conciencia del ser humano, todo esto constituido en la declaración de los derechos humanos de 1948, la cual dice que todo hombre tiene derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, esto en el artículo XVIII; sobre la libertad religiosa también se impone la asamblea del consejo mundial de las iglesias la cual dice que es un derecho humano fundamental; también el magisterio de la Iglesia da su opinión al respecto, Juan XXII en la encíclica Pacem in terris dice: corresponde igualmente a los derechos de la persona la libertad de rendir culto a Dios, según el recto dictamen de la propia conciencia; dato que retoma el Vaticano II en la declaración Dignitatis humanae n.1. Otro punto que desglosa es la búsqueda de la libertad y del placer, del cual el texto recuerda a Freud el cual dice que el inconsciente que se rige por la ley del placer se ha transformado por la del Ego, en base a esto Marcuse pretende hacer un análisis crítico, en especial de la sociedad capitalista que según su pensamiento es la que mas reprimida vive. Las ideas de la liberación del placer son las que van a constituir un elemento fundamental en la conciencia moderna, a la cual Marcuse se une para propugnar una reactivación del erotismo para descargar la represión del trabajo. Otro psicólogo de lo sexual es Reich el cual dice: la sexualidad es el centro en torno al cual gravita la vida social, así como la vida íntima del individuo[5]; con lo cual llegará a la conclusión de que toda neurosis viene acompañada de una perturbación de la genitalidad.

Otro punto en el que el texto indaga es en la centralidad del placer de la libertad, aquí se dice que en torno al placer giran los otros valores y alcanza todas las realidades, pues toda acción va en función de la autorrealización y la gratificación, por lo tanto, si una institución asevera a imponerse sobre cuestiones sexuales tropiezan con la irreductibilidad en la libertad del deseo, este es el pensamiento de Pellegrino el cual con estas palabras resume la conciencia moderna: el placer nos libra de la locura[6]. El siguiente punto es sobre la fascinación de la novedad y la sorpresa como puntos yugulares para su división. Otro problema del hombre moderno es el deseo de convivialidad y apatía por la política, pues hay todo un afán por romper el aislamiento de una subjetividad que, en parte, se siente presa de su individualismo y el que es individualista muestra deseos de autosatisfacción. Contraparte con esto el joven de hoy desprecia la política.

En cuanto al aspecto religioso cada vez más hay una deserción de dicha rutina, del ritualismo, el problema tal vez sea que la religión amenaza el individualismo y por tanto la autosatisfacción, reinante en el mundo moderno. Al tratar de superar el sentimiento de aislamiento y soledad, el hombre se entrega a mecanismos de compensación: droga, alcoholismo, etcétera. El hombre moderno atado por estos problemas sigue buscando la experiencia de liberación, el documento de Puebla entra en este punto diciendo que un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte[7]. Un resumen de la experiencia de vida del hombre moderno es que el busca al mismo tiempo, la experiencia de libertad, de no compromiso, de satisfacción y conexión con otras personas. Este es el equilibrio inestable que caracteriza la modernidad y que ocasiona que no solo las fuerzas religiosas se muevan, sino muchas presentes en nuestra sociedad, persiguiendo el instinto de supervivencia y la ansia de felicidad.

4. Relación entre experiencia actual y revelación

Hoy en día hay que buscar la manera de que la experiencia de la revelación cristiana sea asequible para el hombre moderno, la cual debe de hablar desde la experiencia personal. De por sí la revelación es para los hombres de todos los tiempos, lo único que se pide ahora es que sea reinterpretada para que en ella el hombre de hoy se identifique, es traducir lo que para nosotros es tradición en experiencia, esta tradición para la iglesia primitiva fue experiencia, y en base a esta traducción vivencial de la tradición a nuestros días, podemos convertir dicha experiencia renovada en revelación. La primera generación de cristianos conoció a Jesús como la expresión de la revelación de Dios[8]. Ahora lo que hace la tradición judeo-cristiana es conservar y hacer asequible a las generaciones siguientes una experiencia que pretende ser revelación de Dios, en tres pasos: la predicación de Jesús, el contacto de los contemporáneos con esta y una vez dado el misterio pascual se da la reinterpretación de la predicación y de la persona de Jesús; dicha predicación de Jesús viene a inaugurar nuevos tiempos, de ahí en adelante serán los tiempos del Reino de Dios, Jesús lo hará manifiesto con signos específicos en su momento, que irán desde milagros hasta la revitalización y revisión de las normas. La llegada del Reino de Dios será entonces una irrupción transformadora, que encontrará su fundamento en la pascua de Jesús. Según Pablo, el experimentar el Reino es hacerse nueva criatura haciendo caducar lo que antes nos gobernaba[9]; esto es entonces un proceso concreto de liberación personal, de alegría, de felicidad de realización sin exagerar las categorías sobrenaturales. Esta experiencia fundamental del NT se estructura en cuatro principios: 1) Teológico y antropológico: Dios nos quiere salvos desde nuestra propia historia. 2) Mediación cristológica: Jesús como modelo perfecto de hombre. 3) Praxis eclesiológica: Escribir la propia historia desde el seguimiento de Jesús. 4) Realización final escatológica: Nuestra historia no tendrá un final terreno.

En el interno de nuestra experiencia actúa la experiencia de Jesús, si la Iglesia primitiva tuvo la libertad de traducir con libertad la experiencia de Jesús, nosotros mismos también tenemos la libertad (con fidelidad al dato revelado) de integrar en la experiencia de Jesús las premisas de la modernidad. Jesús que vino a liberarnos nos pone la muestra haciéndose ver como un hombre libre dentro de su ambiente, al respecto Duquoc dice: de las relaciones con su ambiente y de su manera de ser se desprende el perfil de una personalidad, cuyo elemento más visible parece ser la libertad[10], ahora el hombre moderno se deja fascinar por esa experiencia libre de Jesús, pues la corriente del pensamiento moderno que valora la libertad se acerca mucho más a la revelación cristiana, alejando la subjetividad propia de la modernidad el hombre mismo se abre a la trascendencia, es aquí donde se empieza a ver al otro como fin y no como medio[11]. Es una libertad en el Espíritu, pues donde reina el Espíritu reina la libertad[12], ahora ya no es obedecer a la Ley por la Ley, pues si es así te aprisiona tu decisión, la libertad reside en la autenticidad de la decisión.

Entre la libertad moderna y la cristiana existen oposiciones, pues mientras la moderna se orienta al sujeto y su autosatisfacción, la cristiana señala al otro, es una libertad para con Dios y el prójimo. Esta libertad para con el otro quiere purificar la esencia de la modernidad y en la decisión de amor al hermano la libertad cristiana se encuentra ante Dios y es por tanto trascendente, cuando se busca un bien para sí mismo se encuentra en pecado y es por tanto inmanente. El fin último de la revelación es la felicidad del hombre, el cual dentro de la libertad cristiana puede encontrar su plena realización, este concepto: felicidad, es sin lugar a dudas el que mueve los motores de la sociedad moderna, entonces así como dijimos que la modernidad puede bien actualizar el dato revelado convirtiendo la tradición en experiencia para nosotros, la libertad cristiana puede purificar la comprensión de la felicidad moderna: solo en Dios descansa mi alma.

5. La experiencia del encuentro

La revelación viene a responder a las condiciones ontológicas que posibilitan al sujeto a la experiencia del encuentro. Y éstas a su vez le ayudan a descubrir rasgos de la revelación que pudieron haber quedado olvidados. El siguiente texto hace una revisión del encuentro desde una fenomenología-trascendental, partiendo primero del encuentro humano y después pasando al encuentro divino como posibilidad de la revelación.

5.1 Fenomenología de la experiencia del encuentro entre personas

a) La persona como misterio. La persona es un misterio que no se puede objetivar totalmente. La persona es tensión, es conciencia, es libertad, es apertura a lo Trascendente, es auto-presencia, está abierta a dar y a recibir. La persona es el acontecer propio del ser. Ser persona es ser-para-amar.

b) La persona se manifiesta por la comunicación, por los símbolos. La primera manifestación de la persona es el estar-ahí-en-el-cuerpo. En el cuerpo se manifiesta la persona con su historia, su pasado, su raza, su pueblo, su familia. El cuerpo es el reflejo de quien el hombre es. La vida tiende a manifestarse y el cuerpo es su gran lenguaje. En cada movimiento el cuerpo revela tanto lo que la persona pretende como lo que se le escapa. El hombre inventó el lenguaje para comunicarse, siendo la palabra la más excelsa forma de hacerlo. La palabra revela el interior del hombre, sus intenciones y proyectos. La palabra es la síntesis de la vida y el concepto, debe ser interpretada y es tarea del hombre siempre ser un experto hermeneuta.

c) El hombre, ser que interpela. El hombre interpreta los signos y descubre en ellos significados que provocan una respuesta no pre-determinada, sino decidida por él. Para ello el hombre tiene que descifrara signos y símbolos polisémicos. Por medio de ellos se puede percibir al otro en su misma persona

d) El hombre debe tomar una actitud ante un símbolo personal, interpretándolo. A un símbolo se le interpreta se capta su significado para tomar un actitud frente a él. Cuanto mejor se interpreta un símbolo hay mayor oportunidad de captar el verdadero sentido y reaccionar coherentemente.

e) Nivel de interpretación. Esta situado en el ámbito personal-vital. Es un encuentro que implica compromiso. No se interpreta sólo para adquirir conocimientos, sino para llevarlo a la experiencia personal de vida.

f) Conflicto de interpretaciones. Los símbolos al ser polisémicos permiten diversas interpretaciones, incluso antagónicas. Abren espacio para errores. La elección va junto a la interpretación y viceversa. Según la interpretación que sea hecho de un símbolo será el movimiento de voluntad en la elección que se tomará.

g) El hombre interprete del lenguaje. El hombre está llamado a ser el interprete del lenguaje que él mismo ha creado, sin embargo existe en el lenguaje el riesgo de interpretar mal y ello originará en el hombre el sentimiento más temido por él: el rechazo. Todo hombre desea ser deseado, el rechazo le atemoriza y le causa miedo. En cada palabra que el hombre emite espera una respuesta y pretende que esa respuesta sea positiva y que le abra las puertas del diálogo con el otro.

h) Dimensión teologal del encuentro y su relación con la revelación cristiana. Todo encuentro implica un acto de fe en el otro. Para que se del encuentro entre Dios y el hombre como el encuentro que se da entre los hombres son necesarias tres condiciones, a saber: la iniciativa libre de uno de los interlocutores que en este caso siempre es de Dios, de allí que la revelación es entienda como un acto de amor. Cada encuentro revela el misterio de la persona de manera que nunca se agota y se expone al conflicto de las malas interpretaciones, también la revelación deja abierto el misterio de Dios y del hombre, ninguno de los dos se agota. Por último los encuentros humanos son liberadores, de tal suerte que sacan al hombre de su egoísmo, así la revelación cristiana presente este dejo de liberación hay un salir de sí mismo para encontrarse con Dios y con el hermano.

i) Aspecto procesual del encuentro y de la revelación. El ser humano es incapaz de captar la realidad en un solo acto y sí se trata de interpretar a otro ser humano esa imposibilidad se potencia a su máxima expresión. Los encuentros vanen distintos grados, algunos son más superficiales o más profundos que otros. En la revelación también se da un proceso progresivo de tal suerte que el hombre llega a una experiencia cada vez más profunda de Dios en la medida en que va interpretando sus mensajes.

j) Ulteriores reflexiones sobre la revelación como encuentro. El encuentro con Dios se da de distintas maneras para el hombre, primero lo hace al descifrar la naturaleza, después y de manera más sublime a través de las relaciones con los demás hombres, los cuales le abren a la trascendencia a través de una acción liberadora y salvadora. En una amistad, en una relación de pareja, allí se descubre a Dios que se revela como comunidad, es decir como Trinidad, eternidad a la que todos estamos invitados.

k) Algunas conclusiones previas. El ser humano puede encontrarse con el otro sólo porque tiene en sí mismo la posibilidad de salir de sí. Es decir hay una estructura ontológica a priori para el encuentro. Esta misma estructura hace al hombre capaz de estar abierta a la revelación divina, así esta revelación histórica de Dios se concretiza en la persona de Jesucristo.



[1] KASPER, Walter, Vertandnis der Theologie damals und heute, en Teologie im Wandel, Munich-Freiburg, 1967, p. 110.

[2] ROMBACH, H., Erfahrug,Erfahrugswissenschaft, en: Lexikon der Padagogik, I, Friburgo, 1970, 375s

[3] Van ROO, W. A., Experience and theology, en: Gregorianum 66 (1985) pp. 611-640

[4] Cf. MIETH, D., ¿Qué es experiencia?, en Concilium 133 (1978) pp. 307-312

[5] REICH, W., La fundación del orgasmo: problemas económico sexuales de la energía biológica, Paidós, Barcelona, 1978.

[6] PELLEGRINO, H., O Papa, o prazer e a locura: tendencias-debates, en: folca de S. Paulo, 9 de Junio de 1984, p.3

[7] Documento de Puebla, n. 88s.

[8] EICHER, P., Arevelacao administrada. Sobre a relacao entre a Igreja oficial e a experiencia, en: Concilum 133 (1978) p.273

[9] 2 Cor 5,17; Fil 3,8ss.

[10] DUQUOC, Ch., Jesús, hombre libre, Sígueme, Salamanca, 1982, p.29

[11] Cf. KASPER, W., Vertandnis der Theologie damls und heute, en: Theologie im Wandel, Munchen-Freiburg, 1967, pp. 110-112.

[12] Cf. 1 Cor 3, 17

La transmisión de la Revelación divina

Podemos dividir el conocimiento de Dios en dos grandes apartados, y se encuentran contenidos en la teología, uno es la teodicea, que no es más que teología natural y el otro es la teología sobrenatural. La primera hace referencia directa a “la esencia del ser, es decir, el principio remoto del que proceden tanto las pasiones como las acciones en orden a conseguir un fin proporcionado”[1], aquí nos estamos refiriendo solamente a la esencia del ser, el cual puede ser creado (las creaturas) o increado (Dios); y es al ser creado al que compete la teología natural, mediante la cual podemos llegar a un conocimiento limitado del ser increado a través de lo creado de manera analógica, esto quiere decir, por medio de sus semejanza o desemejanzas, (en cuanto a sus características propias (quid non sid, quid sid). Pero no basta un conocimiento natural del ser increado, es necesario ir más allá, es por eso que surge la teología sobrenatural, para que el ser creado pueda llegar a conocer lo sobrenatural por esencia, en estado de participación (nótese que cognosibilidad no lo manejo en el mismo término que comprensibilidad, el hombre puede conocer a Dios, más no entenderlo por su grado de ser y por la manera analógica en que lo conoce). El ser creado posee entonces lo sobrenatural por participación del ser superior.

Es así como llega la revelación la cual nos llega a manera de misterio por el hecho de ser una verdad sobrenatural. Entiéndase por verdad sobrenatural: “La posesión por parte de la mente creada de la verdad superior, de la verdad divina. Esa verdad divina es lo que Dios conoce de Sí mismo”[2]. Estas cosas que Dios conoce de Sí mismo las ha comunicado a los hombres por medio de la revelación.

Tras este camino de la revelación del ser increado a través de la historia, encontramos a personajes concretos en contextos seleccionados para que esta verdad divina sea revelada. Cristo vino a ser el culmen de toda revelación y a la vez es el principal promotor de dicha revelación. Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" [3], es decir, al conocimiento de Cristo Jesús[4]. Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los confines del mundo[5], es así como Cristo cumple el mandato del Padre, hacer que lo revelado para la salvación de los pueblos sea conservado integro y a la vez transmitido de edad en edad[6].

El dato revelado no nos viene solo de Cristo, en primera instancia estuvieron los patriarcas y los profetas, los cuales en tradiciones orales y escritas fueron recopilando la verdad sobrenatural revelada, la cual Cristo retoma y le da el mandato a los Apóstoles, Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones”[7], y lo hicieron vivificados por el Espíritu Santo, el cual ahora también actúa y en sus delegados los Obispos, para que actualicen el dato revelado en la iglesia actual. Esta tradición apostólica ha ayudado para que el dato revelado perdure hasta nuestros días.

Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella[8], "la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree"[9]; y “las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la iglesia orante”[10].

Es la palabra de Dios el medio por el cual podemos encontrar de manera palpable el dato revelado y si lo que queremos es llevarlo a las naciones hay que tener una escucha atenta de esta: “sólo quien se pone ante todo en escucha de la Palabra puede convertirse en su anunciador”[11]. Este ensalce de la palabra de Dios no quiere decir que rechacemos la tradición y caigamos en el error de Sola Scriptura, no, la sagrada tradición tiene un ligue íntimo con la palabra de Dios, porque “surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin”[12]. Una contiene el dato revelado por escrito, lo que se sabe del ser increado, su verdad sobrenatural (la palabra de Dios), y la otra (Sagrada Tradición) transmite el mensaje a los sucesores de los apóstoles para que la guarden, la expongan y la difundan fielmente. “De ahí resulta que la Iglesia, a la cual está confiada la transmisión y la interpretación de la Revelación"[13] "no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción"[14]. Ahora bien, corresponde al Magisterio vivo de la Iglesia, por mandato divino y en nombre de Jesucristo, el conservar e interpretar el ejercicio y profesión de fe sobre el depósito que generan la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Vemos pues como tanto la tradición, la escritura y el magisterio se entrelazan de cierta manera que no tienen consistencia el uno sin el otro[15].

El capítulo II de la Dei Verbum tiene como fin resaltar la importancia de la palabra de Dios como recipiente del dato revelado, la cual la podemos encontrar en la sagrada tradición o en la sagrada escritura, todo esto regulado por el magisterio de la iglesia. Todas esta funciones estipuladas en este documento se nos muestran como camino, a nosotros seres creados para que podamos llegar a conocer la verdad sobrenatural en un grado más alto de perfección que el que nos ofrece la teología natural y dejan al dato revelado como caballo de batalla para lograr dicho enlace de nosotros los seres creados, con el increado, nuestro Señor.


[1] IBÁÑEZ, Javier, “Introducción a la teología”, PALABRA, España 1982.

[2] ibid

[3] 1 Tim 2,4

[4] cf. Jn 14,6

[5] CIC 75

[6] Cf. DV 7.

[7] Mt 28, 19

[8] CIC 78.

[9] DV 8.

[10] Ibidem

[11] Palabras del discurso del Papa Benedicto XVI, el 16 de septiembre de 2005, dentro del marco de los 40 años de la promulgación de la Dei Verbum, en el Congreso Bíblico Internacional en Roma.

[12] DV 9.

[13] CIC 82

[14] DV 9

[15] Cf. DV 10

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