Nació en Cincinnati, Ohio, obtuvo su doctorado en filosófico en Física Teórica por la Universidad de Harvard en 1949 donde después se dedicará a la docencia, también en Berkeley, Princeton y en Massachusetts orientado a la ciencia histórica y la filosofía de la ciencia. Fue pues un notable historiador y filósofo de la ciencia al cual se le conoce por participar en el cambio de orientación tanto de la filosofía y como de la sociología científica durante los años sesenta[1]. Junto con Popper, es uno de los filósofos más influyentes dentro de la filosofía de la ciencia contemporánea gracias a su obra “La estructura de las revoluciones científicas”, la cual le valió su épica entrada a la filosofía de la ciencia en 1962, año de publicación de la obra.
Su tesis principal, es que las teorías decididamente nuevas no nacen por verificación ni por falsación, sino por sustitución[2], una “sustitución del modelo explicativo –paradigma, según Kuhn- antes vigente por otro nuevo”[3]. Kuhn divide el progreso científico de la siguiente manera: “preciencia - ciencia normal – crisis – revolución - nueva ciencia normal - nueva crisis”[4]; a toda ciencia precede una actividad desorganizada que se estructura al momento de que una comunidad científica se une a un solo paradigma, el cual contendrá los supuestos teóricos generales, leyes y técnicas para la aplicación científica a lo cual Kuhn lo denomina ciencia normal, ésta articulará y le dará desarrollo al paradigma para intentar explicar y acomodar la realidad por medio de la experimentación; a todas las dificultades que puedan surgir dentro de la experimentaciónse les denominará falsaciones[5], si estas se escapan de las manos se caerá en un estado de crisis, que solo se podrá resolver al momento de que nazca un paradigma nuevo y que este sea aceptado por una gran cantidad de científicos los cuales rechacen el paradigma anterior; a este cambio de paradigma se le denomina revolución científica,las cuales son:
“Episodios de desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado, completamente o en parte, por otro nuevo e incompatible”[6]. Ahora “el nuevo paradigma, lleno de promesas y no abrumado por dificultades en apariencia insuperables, guía entonces la nueva actividad científica normal hasta que choca con serios problemas y aparece una nueva crisis seguida de una nueva revolución”[7].
Kuhn intenta darnos una visión histórica en sentido amplio de lo que es la estructura de las revoluciones científicas para poder de esta manera negar las premisas inductivistas las cuales nos dicen que el conocimiento y el progreso científico son acumulativos mediante la observación; al respecto Kuhn dice que al ignorar el papel que juegan los paradigmas como guisas de la observación y experimentación se comete un grave error[8], y de hecho dentro de su pensamiento Kuhn afirma que no es acumulativo el conocimiento científico, al contrario, cada vez nos alejamos más de la verdad, porque la ciencia no evoluciona dirigiéndose a algo, sino alejándose de algo.
[1] "Thomas Samuel Kuhn." Microsoft® Student 2008 [DVD]. Microsoft Corporation, 2007.
[2] Cfr. KUHN, Thomas, “La estructura de las revoluciones científicas”, Ed.8 Fondo de Cultura Económica, Argentina 2004, p. 301
[3]SERRANO, José A., “Filosofía de la ciencia”, pp. 181-182
[4]CHALMERS, Alan F., “ ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?”, Ed.21 SIGLO XXI, México D.F. 1998, p. 128
Filósofo austriaco nacido en Viena el año de 1924, el mismo año en que murió Lenin y que Stalin ocupó el poder. Se doctoró en Filosofía en la universidad de su ciudad, después de esto fue becado para estudiar con Ludwig Wittgenstein en el año de 1951 pero su futuro tutor murió en abril de ese mismo año, así trasladó a Londres en el año 1952 para cursar estudios de filosofía de la ciencia con Karl Raimund Popper. Obtuvo una cátedra de Filosofía en la Universidad de California en 1956 y empezó a ejercer como docente de Filosofía de la Ciencia en el Politécnico de Zúrich en 1980[1]. Publica impulsado por su mejor amigo Lakatos, el cual también era un brillante alumno de Popper, su primer libro en 1975 (el que más influjo ha ejercido hasta nuestros días) titulado Contra el método, donde Feyerabend sostiene que la filosofía no proporciona una base lógica ni una metodología a la ciencia, pues tales no existen:
“no hay ningún método científico, no hay ningún único procedimiento o conjunto de reglas que sea fundamental en toda investigación y garantice que es científica y, por consiguiente, digna de crédito. Todo proyecto, teoría o procedimiento ha de ser juzgado por sus propios meritos y de acuerdo con criterios que se adecuen al proceso en cuestión”[2].
Feyerabend dice con esto que no solo la ciencia otorga conocimiento real, pues el progreso de esta no se basa solamente en hechos racionales, pues ni siquiera la ciencia tiene una lógica adecuada, de hecho en la opinión de Feyerabend los científicos deben de hacer lo que sea para seguir avanzando, de hecho dice que los científicos se contradicen es este aspecto, porque se quieren ver muy dogmaticos en cuanto al uso del método, pero algunos crean y siguen teorías un tanto subjetivas e irracionales[3]; esta es la razón por la cual Feyerabend ataca el método científico, y dice que no es nada aconsejable que este rija a las decisiones de los científicos:
“la idea de que la ciencia puede y debe actuar de acuerdo con reglas fijas y universales es… poco realista porque tiene una visión demasiado simple de los talentos del hombre y de las circunstancias que fomentan o provocan su desarrollo. Y es perniciosa porque el intento de aplicar las leyes está abocado a incrementar nuestra cualificación profesional a expensas de nuestra humanidad. Además, la idea es perjudicial a la ciencia, porque pasa por alto las complejas condiciones físicas e históricasque influyen en el cambio científico. Hace que la ciencia sea menos adaptable y más dogmática”[4].
Para sustentar este anarquismo metodológico Feyerabend propone el término “todo vale”[5], con el cual se ofrecerá un enriquecimiento conceptualy además con este pluralismo intenta ir en contra de la inmovilidad científica que proponen las metodologías[6]. Feyerabend dice que todo hombre es libre de aceptar o no la ciencia y esta libertad respalda su concepción anarquista, porque al fomentarla supresión de todos los imperativos metodológicos fomenta la libertad de elección de muchas formas de conocimiento, tal libertad me llevará al progreso científico y a eliminar la inmovilidad científica, porque así se podrán aceptar teorías que están fuera del estándar metodológico y por más irracionales que estas sean alguna acarreará conocimiento verdadero, es por ejemplo el caso de la teoría heliocéntrica de Copérnico, si este no hubiera roto los cánones científicos de la época no se hubiera dado la “revolución copernicana”[7], es necesario pues no malentender el “todo vale” de Feyerabend, pues este lo aplica solo cuando en la imagen que se tiene del hombre y de ciencia dentro de algún aspecto y alguna inmovilidad o estabilidad de opinión resulten inconvenientes[8]. Afirma Feyerabend “no digo que la epistemología o la filosofía tengan que hacerse anárquicas. Digo que ambas disciplinas deberían tomar al anarquismo como medicina”[9]. Como vemos, propone al pluralismo anarquista como un principio terapéutico que busca la recuperación de la labor científica la cual ha sido debilitada por principios fijos y universales.
Sin duda alguna el anarquismo metodológico de Feyerabend es el que más ha llamado la atención de la comunidad científica y con esta postura se ha ganado el repudio de muchos, pero su tesis principal viene a partir de esta forma de pensar, la cual recae en la manera que él ve las revoluciones científicas[10]: de las cuales dice que acontecen cuando los grandes científicos como el mismo Copérnico o también puede decirse Galileo por citar algunos ejemplos, habiendo principios considerados evidentes sostienen teorías y puntos de vista incompatibles, con esto violan criterios de racionalidad universales; y para explicar esto crea discordia con Kuhn pues a él ya no le preocupa el cambio de teoría, sino la elección de la teoría, diciendo que “los problemas que guíen la elección de la teoría no constituyen problemas para una concepción del cambio de teoría”[11]. Esto genera un problema netamente epistemológico, pues se dice que la experiencia se convierte en un juez imparcial al momento de comprobar teorías, pero este juez se detiene al encontrarse con teorías de la reducción las cuales buscan aplicar conceptos de teorías viejas a los nuevos paradigmas y el mayor error de estas teorías es la invarianza de significado[12]a la cual Feyerabend reaccionará proponiendo un término antes mencionado por Kuhn: la inconmensurabilidad la cual “presupone que no puede traducirse un concepto desde una teoría hacia otra sin pérdida ni ganancia de significado”[13], dichas teorías rivales dentro de sus principios epistémicos pueden ser radicalmente diferentes y por lo mismo no será posible formular los conceptos básicos de una teoría en los términos de la otra, porque no compartirán ningún enunciado observacional, o en palabras de Feyerabend cuando para explicar la inconmensurabilidad ejemplifica con la teoría de la relatividad y la mecánica clásica:
“El nuevo sistema conceptual que surge (dentro de la teoría de la relatividad), no solo niega la existencia de los estados de cosas clásicos, sino que ni siquiera nos permite formular enunciados que expresen tales estados de cosas. No comparte ni puede compartir ningún enunciado con su predecesor, suponiendo siempre que no usemos las teorías como sistemas de clasificación para ordenar hechos neutrales”[14].
Feyerabend quiere demostrarnos con su teoría anarquista del método y haciendo una demostración histórica del punto, que es necesario el anarquismo, es necesaria la contrainducción para el progreso científico, es necesario no seguir las reglas metodológicas establecidas si se quiere llegar lejos, si se quiere conocer un poco más la realidad, porque esta visión de la filosofía de la ciencia abrirá la mente a muchas más visiones de la misma realidad y creando un hombre libre abrirá el paso a muchas y muy nutridas teorías que lleven como estandarte la inconmensurabilidad.
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