Showing posts with label kant. Show all posts
Showing posts with label kant. Show all posts

10 Libros de filosofía que debes de leer antes de morir


Este post lo quiero dedicar a la cultura, o como dice mi amigo Pablo a la cooltura!!!

En este nuevo paradigma de realidad que nos presenta la cultura post-moderna me he encontrado con una problemática muy seria, el joven de hoy no lee, más bien, el hombre de hoy no lee. Y como un aporte ante este problema he decidido agregar una lista muy completa con las diez obras filosóficas (a mi parecer) más importantes de todos los tiempos y que marcaron una pauta para el pensamiento filosófico actual, el no leerlos sería pecado de omisión; así que si no has leído por lo menos tres tienes que irte a confesar ipso facto. ¿Quieres saber cuáles son? No los ordeno ni por importancia ni cronológicamente…

1. Platón – Los diálogos de Platón

2. Aristóteles – Metafísica

3. Hegel – Fenomenología del Espíritu

4. Kant – Crítica de la Razón pura

5. Wittgenstein – Tractatus logico-philosophicus

6. Schopenhauer – El mundo como Voluntad y Representación

7. Nietzsche – Ecce Homo

8. Marx – El Capital

9. Descartes – El Discurso de Método

10. Heidegger – Ser y Tiempo

Hay otros grandes filósofos que no podemos dejar fuera como Tomás de Aquino y la suma teológica, la fenomenología de Husserl, Lévinas con su filosofía de la alteridad (El Ser y el Otro), tenemos también a Mauricio Beuchot que hoy en día está haciendo muy buenas aportaciones en México en el plano de la Hermenéutica analógica, una de sus principales obras es: Tratados de Hermenéutica analógica; por último, y aunque no entra en el top ten propongo a Paul Karl Feyerabend el cual con su libro: , está haciendo grandes aportaciones a la filosofía de la ciencia y del cual profetizo una relectura de sus obras, las cuales impulsaran el avance en materia de epistemología y ciencia. Espero que esta lista ilustre un poco, me gustaría que si no están de acuerdo con la lista comenten y propongan.

FIDES ET RATIO










Misión de la Teología en la Fides et Ratio

La Fides et ratio se inserta en la más grande búsqueda que ha tenido el hombre a través de su historia de peregrinar por este mundo: la búsqueda de la verdad, ese es el núcleo de toda la encíclica. Invita al hombre a pensar, para intentar alcanzar la verdad con su inteligencia. ¿Y porque Juan Pablo II invita al hombre de hoy a pensar? Por la profunda crisis que atraviesa la civilización occidental, la cual hoy ha renunciado a pensar, o a pensar como es debido, pues reinan el relativismo y el cientificismo con lo cual no alcanzamos la verdad, solo simples facetas de la realidad. Cita Juan Pablo II en esta encíclica a Heidegger pero solo para contrarrestar su filosofía, pasa del ser arrojado a darle sentido y valor a la vida. Cuando en Heidegger el hombre es solo un ser para la muerte, con Juan Pablo II el ser esta llamado a la plenitud.

En la Fides et Ratio se ve este pensamiento plasmado desde la teología de Juan Pablo II, el cual se puede resumir en tres puntos centrales:

1. La teología: su naturaleza y su misión: El punto fundamental de partida de esta siempre debe de ser la palabra de Dios. El objetivo final no puede ser otro más que la inteligencia[1]. Ahora bien, el objetivo fundamental de la teología “consistirá en presentar la inteligencia de la revelación y el contenido de fe”[2]. Mencionando su definición, a la teología se le considera como intelectus fidei, porque tiene una dimensión sapiencial y está en función de poner de manifiesto el sentido y la coherencia del mensaje en el que el cristiano cree, y a la vez poner de manifiesto como el mensaje ilumina la realidad y nuestro existir. Todo esto de manera descendente partiendo de la palabra de Dios.


2. Dimensión metafísica de la teología: El concepto que reina en la postmodernidad que estaba presente desde Kant es “la falsa humildad de la razón”, pues dice que la razón es limitada al conocimiento, que más allá del mundo que ella expresa hay un mundo en sí en el que ella no entra, es algo incognoscible (recordemos el famoso nóumeno). La humildad de la razón va más allá de las premisas kantianas, es la apertura a una infinitud para la que está hecha, pero que le trasciende. En contraste, Juan Pablo II propone una premisa acuñada por Kant para explicar lo anterior, “atrévete a pensar”, a lo cual él le llama “la audacia de la razón”; para que el hombre de hoy se atreva a pensar incluso en lo que está más allá de la misma razón, lo que la trasciende, lo que la abre a lo infinito. Así pues, el hombre en su camino a la verdad debe de ser humilde y audaz, para esto recuerdo unas palabras de Pascal: “El hombre es todo con respecto a la nada y nada con respecto al todo”, con esto el hombre se da cuenta de su pequeñez respecto a Dios, pero Dios, siendo infinito, se vuelca en esa pequeñez, haciendo al hombre participe de su infinitud. Todo lo anterior nos ayuda a indagar la valencia que tiene para la teología la metafísica, pues no se puede desplegar todas las implicaciones del mensaje evangélico sin ayuda de la metafísica.


3. Circularidad entre la teología y la filosofía: La noción de “circularidad” la podemos encontrar en la encíclica desde el principio en las palabras iniciales cuando se afirma que "la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"[3]. El párrafo inicial hace referencia a la apertura hacia al infinito que tiene el hombre, valiéndose de dos armas, fe y razón, sin las cuales no podría acercarse; pues ambas dimensiones estructuran el pensar humano, de tal manera que, unidas, completándose en virtud de su interacción o circularidad, hacen posible que la inteligencia abra al hombre a la plenitud de ser y de verdad para la que está hecho. Juan Pablo II subraya que esos dos itinerarios, el interrogarse del hombre partiendo de sus experiencias inmediatas en busca de una explicación y de un fundamento y el profundizar del creyente en el contenido de su fe con la esperanza y el deseo de comprenderlo cada vez mejor, son solidarios el uno con el otro, se alimentan el uno al otro. "No se trata simplemente de utilizar en la reflexión teológica, uno u otro concepto o aspecto de un sistema filosófico, sino que es decisivo que la razón del creyente emplee sus capacidades de reflexión en la búsqueda de un proceso en el que, partiendo de la palabra de Dios, se esfuerza por alcanzar su mejor comprensión"[4]. La teología se configura como tal precisamente filosofando y no de otra manera. “De esta relación de circularidad con la palabra de Dios la filosofía sale enriquecida, por la razón descubre nuevos e inesperados horizonte”[5].


[1]Cf. Fides et Ratio, 73

[2] Fides et Ratio, 93

[3] Fides et Ratio, 1: versión digital tomada de: http://www.vatican.va/edocs/ESL0036/_INDEX.HTM 31 de Agosto de 2009.

[4] Fides et Ratio, 73

[5] Fides et Ratio, 73

¿Es fundamental la ontología?



Es necesario en Lévinas partir de una ontología del bien pues con ella fundamentamos nuestra comprensión filosófica. Entonces, la ontología siempre se nos mostrará como un problema moderno muy a pesar del olvidado el ser, pues esta ayuda a fundar las premisas que antecederán a la pregunta del ser, o como se menciona en el texto:

“Retornar al problema de la ontología- implícitamente resuelto por cada cual, incluso en forma de olvido, tal es, según parece, edificar un saber fundamental sin el cual todo conocimiento filosófico, científico o vulgar sería ingenuidad”[1].

Con respecto a la ontología dice Heidegger se confunde el ser con el ente, el famoso olvido del ser dice Cruz Prados el olvido del ser viene a consecuencia de la confusión entre ente y ser[2], durante mucho tiempo la metafísica se ha encargado de realizar la estructura ontológica que explique al ente, ahora Lévinas propone a la ontología la idea del bien platónica y su filosofía primera. El ente es algo más en la manera en que nosotros percibimos la ontología, es aquí donde entran los trascendentales los cuales son sus modos de ser; pero Lévinas al referirse a trascendente lo hace para poder entender al ser, para ver de qué manera se manifiesta este y también descubrir de qué manera se hace concreto el ser, pues lo que no se quiere es caer en un idealismo. Para poder evitar lo anterior nos tenemos que referir primero a la ética y luego al ser, haciéndolo a través del trascendental que no es otra cosa que el ser mismo presentado a nuestra subjetividad.

Lévinas nos dice que el olvido del ser es olvido del bien y del bien moral, parafraseando lo que dice Heidegger al respecto: una confusión entre ente y ser[3]; al presentarnos de esta manera al olvido del ser, da la razón por la cual pone un énfasis especial en la ética, pues dice Lévinas que el bien es el que fundamenta la ontología y si nos olvidamos del bien (ser en Heidegger) ¿qué importancia tendrá esta? Al respeto cita Lévinas en su artículo: “la comprensión del ser no supone únicamente una actitud teorética, sino la totalidad del comportamiento humano. El hombre todo es ontología”, y continua diciendo que su obra científica lo es, su afectividad, la satisfacción propia y el trabajo, su ser social y su muerte, todos estos momentos y muchas más, articulan ferozmente el hecho de que se reserva a cada uno de estos una ocupación determinada, la intuición del ser o la verdad.

“Toda nuestra civilización depende de esta comprensión, incluso aunque sea olvido del ser. No es que haya verdad porque existe el hombre, sino que hay verdad porque el ser en general es inseparable de su apertura o, si se prefiere, hay humanidad porque el ser es inteligible”[4].

La modernidad se olvido de esta apertura del ser tal vez por el solipsismo y como consecuencia se le acusa a esta del olvidado del ser, ese olvido que se encierra en el sujeto en sí mismo, como lo marcan Kant y Descartes haciendo énfasis en el ‘yo’; la subjetividad de la conciencia impera, en otras palabras. Como la tesis fundamental del solipsismo es que solo se puede comprobar la propia existencia su mayor error es que se convierte en un narcisismo exagerado, de este pensamiento Cartesiano emanan el narcisismo, la egolatría, el egoísmo, individualismo, hermetismo ante el dialogo, etcétera, todas estas consecuencias existenciales recaen en el otro y por lo tanto van en contra de la teoría de la alteridad de Lévinas, el cual dice “La ontología es la esencia de toda relación con los seres e incluso de toda relación en el ser. El hecho de que el ente esté abierto, ¿no pertenece al hecho mismo de su ser? Nuestra existencia concreta se interpreta en función de su entrada en lo abierto del ser en general”[5]. No puede haber una existencia verdaderamente auténtica sin que esta se concretice en el otro, en la apertura, es por eso que Lévinas se opone tajantemente a la noción de sujeto de Husserl, este pensamiento de Lévinas es parecido al de Heidegger el cual dice que la única existencia autentica se da cuando “el hombre reconoce la muerte como la única verdadera posibilidad de su existencia; y en este reconocimiento, se reconoce así mismo como ‘ser-para-la-muerte’”[6], pues la muerte es según Lévinas “otra experiencia que nos saca de la soledad… en ella el sujeto deja de ser sujeto. Necesita del otro… para darle algún sentido a esta”[7]. Como vemos el otro tiene una relevancia prominente, porque es el que nos presenta una ética acorde al prójimo que necesita de mí, esto se logra desobjetivando al otro y presentándole un ‘él’.

Gracias a Lévinas podemos decir que hay que ver a la ética como filosofía primera, el cual encuentra su base de Platón. La base de la ontología coetánea es que “en las ocupaciones temporales está ya inscrita la comprensión del ser. La ontología no se cumple en el triunfo del hombre sobre su condición, sino en la tensión misma en la que se asume tal condición”[8]. Con lo anterior se empieza a construir una ética de hechos de la vida cotidiana, pues las ocupaciones temporales están cargadas de la existencia del ser.

Epistemología y ontología eran la misma cosa en la modernidad, ahora lo que Lévinas propone es que se debe pasar a la actitud de relación con el otro para la comprensión de este, pues la razón instrumental del saber nos heredó una instrumentalización para utilizar los objetos sin considerar su sentido último. Hay que acentuar algo para poder entender las premisas de Lévinas, el otro no es un medio sino un fin en sí mismo, con esto podemos entender la filosofía de la alteridad en donde ya no conocemos al sujeto como objeto, sino que lo vemos como el ‘otro’, el tú, el nosotros, el prójimo en la filosofía cristiana. En algún momento, la ontología dejo fuera al ‘otro’ y Lévinas quiere lograr la recuperación de este presentando su filosofía de la alteridad.

Heidegger con su sentimiento de angustia y de su ser para la muerte, se despreocupa totalmente de la ética, pues el solo atiende al ‘yo’ al verse limitado y finito. Lévinas responde a esto en su trascendencia ética tomando como puerta a esta al ‘otro’. Lo cual convierte a la ética según Lévinas en la filosofía primera y deja aparte a la ontología la cual se mantiene en la inmanencia refiriendo solo al ‘yo’. El sentido del ser se dará únicamente al verte interpelado por el otro, hay que aprender entonces al ver al otro como una necesidad, Lévinas hace eso, a partir del ‘otro’ construye su metafísica.

[1] LÉVINAS, Manuel, Artículo “¿Es fundamental la ontología?”, Revue de métaphisique et de morale, número 1, enero-marzo de 1951. Traducción de José Luis Pardo en «Entre Nosotros. Ensayos para pensar en otro», Pre-Textos, Valencia, febrero de 2001, pp. 13-23. En el texto digital p. 1

[2] Cfr. CRUZ, Prados, Alfredo, Historia de la Filosofía contemporánea, Ed. EUNSA, Pamplona , 1987, p. 174

[3] Cfr. Ibid.

[4] LÉVINAS, Manuel, Artículo “¿Es fundamental la ontología?”, p. 2

[5] Ibid, p.3.

[6] CRUZ, Prados, Alfredo, Historia de la Filosofía contemporánea, p.179

[7] BEUCHOT, Mauricio, “Historia de la filosofía en la postmodernidad”, Ed2 Torres y asociados, México 2009, p. 201

[8] LÉVINAS, Manuel, Artículo “¿Es fundamental la ontología?”, p.1.

Older Posts Home

Followers

terrenos

Recent Comments